Hay un beso escondido

En las rodillas
y en los asientos del taxi,
en los escombros del baldío, 
en el bostezo de las adolescentes,
en el pijama de los solitarios,
en el abismo de las pesadillas,
en el óxido de los velatorios,
en el olfato de las alcantarillas,
en el lóbulo de las orejas,
en los orejas del jefe,
en los fétidos matorrales,
en los fetos del basural

hay un beso escondido.

En el hocico de la luna,
en el ladrido de la noche,
en el rugir de los fantasmas,
en el grafiti de los baños,
en el andén y el pasamano

hay un beso escondido.

En el ala baleada,
en el patio del loquero,
en la cuna desolada,
en la costilla del desprecio,
en la sábana de los onanistas,
en el rouge de las colegialas,
en el amante desterrado

hay un beso escondido.

En la zanja de las barricadas,
en la faringe desnutrida,
en la sed del pantano,
en el hambre del cuervo,
en la minifalda de las prostitutas,
en el ombligo de los camisones.
en la bocacalle del desierto,
en el colchón mojado

hay un beso escondido.

En la respiración,
en el ronquido,
en el grito pelado,
en el cuello de botella,
en los embotellamientos,
en la ventana del suicida

hay un beso escondido.

En el cadáver del asesino,
en el labio de la mentira,
en el pelo de la lengua,
en la garganta de la saliva,
en la transpiración de la locura,
en el inicio de una guerra

hay un beso escondido.

(c) Luciano Ortega

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