En un caballo rojo

Ruedo y ruedo en esta fiesta de vida
porque yo también sufrí las muertes.

Me doy un grito hacia adentro,
me despierto la furia;
me afuero, me desafuero.

Soy un desastre, te lo juro,
un hermoso desastre mañanero.

Es heroica la mañana;
incendia el cielo
y no se escapa.

La noche invita a galopar el sexo,
treparme a tu ventana,
susurrarte en la oreja un incendio de polen.

El lobo de los siglos sigue enhebrando espirales.

Los muertos quieren imitadores:
no les daremos el gusto.

(c) Luciano Ortega

Del libro “Cantata… ¿para quién?”

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