Mi boca y el instante

MI BOCA Y EL INSTANTE
En este viaje fugaz
en que temblona el alma
acompaña mi cuerpo,
en esta herida misteriosa,
en este grito,
en estas brumas inconclusas
–humo móvil que cristaliza en piedra-,
en este hueso desgastándose,
en esta huella que se arruga;
lo único infinito
–vital como el orgasmo,
letal como el enojo-
es el instante:

este que toca y toco,
este que huelo y vuela.

Instante
en que revuelco mi inconciencia,
en que me hundo como un tajo.

Instante
con su vértigo y su asombro,
con su sombra al espejo,
con su navaja al cuello,
con la tabla del náufrago,
con todos los intentos en la boca,

la mal besada boca,
la malversada,
la de la risa y la palabra,
la del aullido y los rezongos,
la que come y escupe,
la del aliento,
la que todavía respira,
la que se ahoga,
la que se abruma y llora,
la de los hipos.

Boca desafinada y tartamuda,
puteadora boca
con pelos en la lengua,
oscura como un pozo,
caliente como un horno,

la de los cuentos y los cuencos,
la de las cuentas,
la que se traga el mundo
con el ceño fruncido,
desfachatada y confundida boca

-mi boca-

la que se funde
en el instante
y sus abismos.

(c) Luciano Ortega

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