Desde el azogue

Sucede

que la palabra me abismó en el espejo,
en ese móvil y sucesivo
espejo nebuloso.

Ella viene hacia mí
-desde el azogue-
me atraviesa,
convive con mi sangre,
me desmadra.

Seguirá, seguirá…

sin mi cuerpo
en lo hondo del abismo,
elevándose hasta el fondo,
tocará en la trastienda de la aurora
cuando ya me haya ido.

Alguien oirá su sombra
sin saber que era mía.

(c) Luciano Ortega

23 de abril de 2015

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