Sólo digo por hoy

A pasar de que hace millones de años que logramos un cerebro mamífero, quizás unos 150 o más, aun nos cuesta la caricia; sobre todo a la parte del cerebro humano que sólo lleva 100.000 años de evolución. La caricia, todo un tema a despabilar. Aprehender juntos a conjurar guerras para que el beso se reencuentre en nosotros, el anhelado beso, el conquistado beso, tan sabroso y vital, tan necesario.
Antes de llegar a tener nuestro cerebro mamífero, cuentan los científicos, hace de esto unos 190 o 200 millones de años, tenían nuestros abuelitos un cerebro reptil; ya que estos primeros reptiles, antecesores de lo que hoy somos en la escala evolutiva, fueron desarrollando ese minúsculo cerebro para llevar a cabo estas acciones. 
Hoy que hemos logrado pensarnos y sentirnos, que somos conscientes de que somos, que nos damos cuenta de nuestra finitud, de que somos materia efímera que se agota, pero tenemos consciencia de ser, del misterio de estar vivos; albergamos en nuestro cráneo tres cerebros, según dicen los que saben al respecto, el reptil, el mamífero y el humano que nos creció hace poquito, muy poquito, reitero apenas 100.000 años.
Somos hábiles, por eso conquistamos todo el planeta y algún día no muy lejano, gran parte del universo, pero somos muy torpes, hemos derramado demasiada sangre y muchísima tinta en la autodestrucción, en coscachearnos y romper el círculo mágico. Un círculo mágico que logramos construir para protegernos mutuamente y festejar esta aventura de estar siendo, que nos permite la posibilidad del abrazo, de la poesía, de la metáfora con su música, la oportunidad de detenernos y maravillarnos ante el universo, el de afuera y el de adentro. 
En estas fechas que corren y que ojolá sean un poquito más pausadas, me pareció oportuno escribir en mi perfil y compartir este sentí-pensamiento y junto con este intento de poema, y en ese gesto saludar y proponer un brindis por un ratito de paz, una paz contigua, esa paz cerquita que a veces es posible conseguir y disfrutar. Salud.

Luciano Ortega

SÓLO DIGO POR HOY

Hay demasiada sangre 
y tinta derramada,
demasiadas palabras en el aire
y las pantallas, 
un estruendo feroz y desbocado.

Hay demasiada tiza y carbonilla, 
demasiadas paredes y pizarras; 
demasiadas esquirlas, 
mucha pólvora; 
estallidos de átomos, 
trompadas al boleo; 

demasiados carteles y señales, 
demasiados señuelos y alambrados, 
demasiados discursos sin orejas.

Quizás 
debiéramos llamarnos al silencio 
para no quedarnos mudos para siempre.

Quizás 
ya sea el tiempo 
-sólo digo quizás- 

y volvernos al tacto, 
restaurarnos la piel y las costillas, 
calmarnos esa sed de ser tocados, 
de tocar y de olernos; 
olisquearnos los unos a los otros, 
sin pedirnos permiso, 
sin llenar formularios ni contratos.

Y en nombre de esa sangre 
y esa tinta derramada, 
no rompernos el alma ni la cresta; 

por lo menos por hoy, 
por un ratito;
sólo digo por hoy, 
y aquí cerquita.

(c) Luciano Ortega

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