Aprendiz de poeta

Las orejas se desprenden y se mezclan. 

Yo el aprendiz de poeta, lejos de ordenar, desordeno, embriago lo que desarmo, desgrano, busco los senos de María para instalarlos en Malena, el rojo del tomate en el cielo de la tarde, mi cama en tu cintura, el beso en la vereda, la biblioteca en la plaza, la primavera en el aula, la calesita en el asiento de los presidentes, el ala para dibujar mis sellos y el llavero, la lluvia para tu lágrima y un poro para escaparnos, el universo para este día y el astronauta para el café de la esquina, una pregunta para el camino y un camino para la pregunta.

Yo el aprendiz de poeta no me saco la retina, ni mucho menos el corazón; no adhiero ni al cinturón ni a la castidad; me dejo ser la hoja en la tormenta, la boca para tu lengua, la lengua para tus besos; me permito intentar, soplar los castillos de arena, caminar descalzo y susurrarte, tocarnos, aunque el tacto esté prohibido; me doy el lujo de aparecer en medio de tu vientre y de tu anhelo, de nuestra imaginación al poder y al querer –al querernos-.

Yo el aprendiz de poeta digo sí y ahora. Y es ahora cuando las orejas se desprenden y se mezclan.

(c) Luciano Ortega
Luciano Ortega
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