Ellas están allí

Las musas acompañan este baile que habito.

Me amparan entre brumas y porfías,
y siguen al acecho aunque me caiga,
aunque me pierda,
aunque me tricen los espejos
y haya un golpe bien seco aquí en la nuca,
o mezquinen rincones para el canto en mi silbo.

Ellas están allí
protegiendo en la espera,
danzando en su silencio y con su abrigo,
resucitándome entre asombros y pánicos.

Ellas están allí
besándome en la boca.

Y aunque
se desvanezcan en cada pesadilla;
yo las presiento a la intemperie,
en el espejo mismo del despojo.

Ellas son en mis ritos cotidiano
gerundio y hueso vivo.

Me las espanta el vientre de este siglo,
las pantallas le ahorcan el pescuezo;
pero no pueden no,
nunca podrán lograrlo,
arrancarles de cuajo las raíces.

Ellas son el ombligo de mi ombligo,
las alas que supimos arañarnos.

Ellas son con la piel y junto al tuétano,
no podrán extirparlas de mi sangre.

(c) Luciano Ortega

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