Resucitando

Yo no me muero no,
porque hay un canto adentro de mis huesos.
Yo ya he sido parido por los vientos.
Tengo un cántaro abierto repleto de semillas
y el fuego de mi sangre
me protege en la herida,
la cicatriz de barro me hace pisar en piso
y hundirme en las raíces
hasta engendrar la entraña.
Por eso
en este hueco que habito con la tarde
festejo la porfía de transpirarme adentro,
de sacar a la vida el grito que me ahoga,
de abrir los parietales con oreja y racimo,
de buscarme un espacio para danzar mi lluvia,
para empapar la noche,
para abrazar tu cuerpo intenso en recovecos,
para hundirme en tu vientre
y estallar en océano.
Yo empollo con mi gesto la lumbre y la mañana
y entre tus piernas busco el nido de mis besos.
El ala de mi pecho y el ala de tus senos
amamantan un vuelo a parir con el tiempo.
Yo busco en tu cintura la sangre de mi cántaro,
un tajo que penetre al fondo del cuchillo,
un rito en el silencio que me salve del pánico,
que me enrede en los hijos,
que vuelva a rescatarme en tu lengua de fuego.
Yo busco ser mi cuerpo adentro de tu cuerpo,
ser una misma sombra en medio del incendio.
Yo busco ser rodilla en tu rodilla,
ser baile en el asombro,
ser un giro completo
que me convierta en riesgo,
Que me pierda en tus labios y así nos resucite,
nos reintegre a lo vivo.
Y aunque nos acribillen en una esquina tensa,
seremos lo vivido y el eco de los vientos.

(c) Luciano Ortega

En: La Fogata

luc18

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