Argentina. Abril del 76

Antes de llegar lo sé.

Gracias por tu hospedaje,
Por la cama caliente,
Por el trozo de pan,
Por el mimo en la espalda.

Debo irme o te irás,
Todo tiene un ciclo
–también yo–.

No puedo hacer un nido
Donde no entre el tiempo.

No puedo llevarte de la mano
Por una calle azul

Estoy gritando en un infierno sordo.

La lluvia sigue mojando nuestro rostro,
Somos cómplices del día,
Los árboles aún brotan
Y eso es bueno.

No quiero que mi hijo
Nazca en la probeta de un siglo
Sin pasto ni caballo.

No quiero nichos para dormir la muerte,
Vivir para ser un número cualquiera
Que justifique la foto.

¿Soy acaso una existencia
apuntada a boca de fusil quemante,
bajo las órdenes de uno que está más triste que yo,
que eligió de ex-profeso ser el guardián de una cárcel
que él también habita,
con gris en las pupilas,
con lágrimas secas,
porque está prohibido llorar,
comer duraznos priscos,
respirar muy fuerte?

¿Adónde estás?
¿Por qué te esconden el pelo?

No tengo para darte un mundo
Sin cadenas ni llaves,
Pero aún tienes sangre,
Aún no pueden secarme la saliva.

Si viene el guardia
No digas nada.

Aún no has muerto,
Ni yo tampoco.

(c) Luciano Ortega

luc5

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