Cosa de niños

Qué el niño renazca mientras el cuerpo dure,
qué sus ensueños no dejen de embriagar,
qué no haya apuro
-que nada vale la pena el paso urgente-

Qué apenas sea el juego
después de tanta senda,
de tanto ceño augusto
y compromiso.

Lo eterno está en el ocio,
en la cuerda que viaja en la madera
-la nota detenida en pleno movimiento-

La obsesión no está en lo efímero,
la ineluctable arruga de la parca,
sino en el niño ausente que nadie resucita,
que no comprende el pánico
de perseguir segundos,
que acelera la vida y la desbanda.

La lluvia se detiene y la mañana avanza,
de la boca del disco renace la guitarra,
el músico no ha muerto,
se ha quedado en el canto,
en su pena perenne,
en su silbo lejano,
en este hueso mío que ha vuelto del naufragio,

Insiste la guitarra
y yo dejo que caiga aquí en mi pecho,
que la voz del flamenco me envuelva la retina,
me emborrache la sangre.

Y bailo con mi sombra
apretado en el tiempo.

Desde el cuadrante llama
el relojero terco,
pero una nota leve
me devuelve a la fuga,

y yo desaparezco
con palmas y gitanos.

(c) Luciano Ortega

luc10

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