A mis amigos poetas

Mis amigos poetas han ido perdiendo –como yo- a medida que el tiempo nos sucede, algunos dientes, unos cuantos cabellos, un pulmón o una pierna. Muchos de ellos, incluso, hasta perdieron la vida y la confianza. Dejaron montañas de palabras con silencio incluido. Se volvieron escépticos y osados; les crecieron arrugas y fogatas, unas cuantas cenizas, silbos, huecos. Más inciertos que nunca caminan a mi lado como fantasmas tercos y se aferran al viento sin aleros.

Fogonean las dudas y descreen de cuanta certeza se le pone de frente.

Aman por sobre todas las cosas las tetas y los riesgos, el dado, la baraja y el fuelle de los tangos con cuerpos apretados, abrazados al piso para subir despacio la escalera del ángel y bajarla de vuelta hasta el sótano mismo y sus abismos, en la que el punto uno se abre al infinito.

Ellos aman colchones y humedecer las sábanas, meterse en los espejos, no esquivar los recodos ni efectos residuales.

A mis amigos poetas le van creciendo manchas, como a mi piel conmigo, y sus libros se vuelven amarillos como su historia que viaja hacia el ocaso.

Ellos saben de sobra que la vida ya no tiene sentido y que nunca lo tuvo, que sólo hay que poblarla y bailarla apretando como en la adolescencia.

Ellos tienen la rabia alegre y soberana; ellos abren mañanas aunque se vuelvan viejos y silban al oído canciones a retazos.

A mis amigos poetas los echan de las fiestas y nunca ocupan bancas del senado, no les da para obispos ni para ser guerreros. Son profetas de brumas y develan palabras que atraviesan sus vísceras.

Mis amigos poetas escuchan los idiomas que están amenazados y remiendan su cresta con un hilo de vino; con gotas de pezones empapan su discurso de esa miel y esa leche.

Mis amigos poetas no serán elegidos y se irán despacito dejando servilletas con difusos mensajes que no ofrecen respuestas ni pretenden salvarnos del sabueso y la fosa.

Mis amigos poetas apenas hacen sombra mientras la vida husmea en sus entrañas y saben que la muerte a todo no lo abarca, sobre todo a la nada de ser la poesía.

(c) Luciano Ortega

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