Yo pido la palabra

Yo pido la palabra.
Sí, yo pido la palabra y el abrigo.
Yo pido la palabra, porque,
si me quedase sordo y tuviese amparo,
igual tendría la palabra
por el puente tendido en los labios de otros,
como un beso vital en mi conciencia.
Y si después de esto
yo me quedase ciego para siempre,
ya tendría la palabra y la visión sutil del universo.
Y si incluso, también quedase mudo,
ya tendría la palabra encerrada en mi plexo
y entre manos,
la caricia posible que habla desde el gesto.

Cuando me muera, entonces,
o me quede sin piernas y sin brazos,
con la boca cerrada y sin los ojos,
quedará en la memoria mi palabra,
repartida en los pechos y en el viento.

 

(c) Luciano Ortega

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