Para que nazca el oro


 

Es necesario matar al dragón
Para que nazca el oro aquí en mi pecho.
No será con cuchillos en lo externo,
Ni un ejército a palos derribando paredes,
Será hacia adentro mismo de mi infierno
-mejor dicho está siendo-
Amarillo es mi río de cornisa,
Al borde del abismo y el intento.
Sin brújula ni barca,
Pero un remo a la espalda
Me recuerda los mares,
La sal de la aventura
Y una senda chiquita con su vela.
Sueño y miro
Una aurora con gallos y semillas,
La presiento en la fe de mi retina,
En la médula misma de mi hueso.
El dragón no da tregua,
Pero tengo un poema
Respirando en el plexo.

(c) Luciano Ortega

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